El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica de Dream Theater Madrid, Palacio de Vistalegre 25/Febrero/2012

Fotos, vídeos y textos por Churchill.

El mundillo de los conciertos a veces tiene estas cosas. Puedes pasar meses y meses sin asistir a un concierto realmente excepcional e, inevitablemente, acabas siendo condescendiente con dicha actuación… hasta que te encuentras con ese concierto que te deja la sonrisa bobalicona en la cara y hace que canturrees sus canciones durante días sin saber porqué. Casualmente hemos tenido la ocasión de asistir a, no uno, sino dos de estos últimos en la misma semana.

Tras el conciertazo de Pain of Salvation el lunes pasado, llegaban unos Dream Theater del que esperábamos una reparación tras su pobre actuación en el Sonisphere, pero el curriculum sonoro del Palacio de Vistalegre, auguraba lo peor. Y cuando salieron los teloneros Periphery se confirmaba la cruel reputación del recinto para este tipo de eventos. Los de Maryland ignoraban que iban a mandar sus naves a luchar contra los elementos y ofrecieron un show enérgico y con muchas ganas pero su sonido se apelmazaba sin posibilidad de distinguir ningún instrumento. Sólo llegó a destacar “Jetpacks Was Yes!” en medio de la cacofonía que rebotaba en los paneles del Vistalegre y que los componentes se esforzaban por solventar infructuosamente. Una lástima tratándose de unos teloneros con una calidad técnica digna de los cabeceras de cartel.

Y poco después, Dream Theater empezaron a obrar milagros en el Palacio de Vistalegre… Primer milagro: nunca pensé que habría de ver una cola tan descomunal en el baño de hombres, ante la otra ridícula de las mujeres (…y asistió un importante número de féminas). Segundo milagro: ¡lograr que el Vistalegre sonara cristalino! (Éste a la altura de la multiplicación de los panes y los peces). Y tercer milagro: … ¡¡hacernos ver a una suerte de Pink Floyd reencarnados en el siglo XXI!!

Y es que los newyorkinos demostraron porqué son la gran banda que son y porqué gozan de la reputación que tienen. Algunos les tacharán de aburridos, fríos y engorrosos, pero siguen siendo los reyes del progresivo y la ejecución, complejidad e hipnosis que imprimen en sus interpretaciones así lo aseveran. Pese a lo que digan sus detractores, estos cinco genios son capaces de emocionar hasta límites insospechados y, esta vez, llevan consigo un montaje visual a la altura de sus capacidades lo que engrandece su show. Y lo que vimos fue eso: un show muy grande de los más grandes.

Arrancaron con la obertura de Hans Zimmer para zabullirse en “Bridges in the Sky”, con un sonido aún por mejorar y un LaBrie que se evidencia en la inmensa mayoría de las veces, pero que fue mejorando según fue avanzando el concierto y que salió con unas ganas tremendas. Descargaron “6:00”, “Build Me Up, Break me Down”, una gran “Surrounded” y un potente “The Root af All Evil”. Para entonces el sonido comenzaba a asombrarnos en un recinto como el Vistalegre. Tras la presentación en sociedad de Mangini con su solo de batería, llegaría uno de los momentos álgidos de la noche con “Outcry”. En las pantallas en forma de cubos en 3D se sucedían las imágenes entre los movimientos acompasados de las luces, un desbordante espectáculo visual y sonoro, un auténtico regalo para los sentidos.

Después de semejante momento, si quedaba algún escéptico en el recinto  ya estaba entregado al poder hipnótico del Teatro del Sueño. Pueden tener discos más lúcidos que otros, pero raramente decepcionan en directo. Después tocó el turno del show acústico con “The Silent Man” y “Beneath the Surface”, LaBrie, Petrucci y Rudess  solos sobre un escenario en penumbra, antes de volver a otro tema largo de su controvertido último disco, “On the Back of Angels”. Dos potentes canciones de su Six Degrees después y llegamos al momento más emotivo de la noche con “The Spirits Carries On”, las gradas en pie y el inconfundible brillo emocionado en los ojos. Nadie, absolutamente nadie, permaneció impertérrito en este tema.

Lo que vino a continuación fue la rendición incondicional de los presentes para entregarnos a otra exhibición musical y visual de la banda que nos presentaba la joya de su último álbum, “Breaking All Illusions”. Asistíamos embriagados en una atmósfera sónica que nadie en el mundo es capaz de crear como la banda de Petrucci y compañía hasta que se retiraron dejando al Pabellón coreando su nombre.

La banda volvió poco después para cerrar un “Pull Me Under” que enloqueció al recinto y nos dejó con la mirada perdida y la sensación de haber vivido un concierto grande. Muy grande.

Hablar de cada uno de sus componentes es casi ofrendar reverencias: Mangini se mostró como un batería impecable, sólido y de una calidad indiscutible; aunque difícilmente llegará a suplir el carisma de Portnoy que todos, en el fondo, echamos un poco de menos a pesar del buen hacer del cinco veces ganador del récord mundial de Baterista más rápido. Myung sobrio, ausente y quirúrgicamente exacto. Es el músico que pasa más desapercibido y, tal vez sin discusión, el mejor bajista del mundo. LaBrie es, sin duda, el elemento más discordante de una banda que es un auténtico metrónomo multiorquestal, pero anoche estuvo más que correcto y mejoró en cuanto fue entrando en calor, afianzándose como frontman como no lo había hecho nunca antes. Rudess perfecto tras el teclado (una broma común de la banda aseveraba que la última vez que equivocó una nota fue en 1984) y de Petrucci, ¿qué se puede decir que no se sepa ya? Es sublime, impresionante, hierático y absolutamente un genio.

Probablemente, como siempre en un grupo como los DT, se echan de menos clásicos como Metropolis, Voices, A Change of Seasons, Hollow Years o Fatal Tragedy, pero tratándose de músicos tan superlativos casi, casi se les perdona todo. Yo les he perdonado lo del Sonisphere y ellos me han recompensado con creces.

Churchill.

(Texto, fotos y videos)

Anuncios

Una respuesta

  1. Marce

    Lo cierto es que dos días después aún cierro los ojos y visualizo el impresionante montaje que hicieron con Outcry, no tanto ya por lo espectacular si no por la emotividad del mismo, sencillamente me tocaron en esa fibra que todos tenemos y que el paso del tiempo, las frustraciones y las decepciones va enquistando hasta hacerla cuasi inexpugnable a los sentimientos y las emociones.

    Y esta canción, ese montaje de imágenes que iban siendo cada vez más y más abrumador, llenando el alma de sensaciones y sentimientos, acabo siendo como una llamada al despertar de tantas y tantas cosas por las que merece la pena vivir, luchar, sentir, amar…Escribiría mil cosas acerca del concierto, acerca de lo que sentimos y vivimos los que allí estábamos que quizá algún día lo haga. Lo único cierto es que a día de hoy lo único que me apecete es recordar, volver a revivirlo y sentir, porque para lo demás, “The spirit carries on”

    febrero 27, 2012 en 10:47 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s