El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica de Dream Theater, Madrid, Vistalegre 16/01/2014

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Contra viento y marea. O bien tal vez debiera decir contra frío e incompetencia. Así se desarrolló el último concierto en la capital de los reyes del progresivo. Sospechas confirmadas en varios foros, que nos dan la medida de cómo funciona este “gran país” que es Españistán, garante de ineptos y adalides de incultura. Lo que debería haber sido la crónica de un evento especial (An Evening With Dream Theater) se convirtió en An Evening With Twit, y no me refiero a la banda, que luchó contra elementos más poderosos que ellos mismos. Un cúmulo de despropósitos se confabuló en contra de los asistentes a un espectáculo que prometía ser único, tras las noticias del arranque de la gira de Dream Theater en la presentación de su disco homónimo y la celebración del 20º aniversario de “Awake” y el 15º de, posiblemente el mejor disco de los últimos 25 años, “Scenes from a Memory”. Más de 3 horas de música con mayúsculas que sacan los colores a cualquiera que alardee de ser intérprete.   

Inexplicablemente, la noche empezó con retrasos, irregularidades y la gente esperando en la calle a que abriesen el recinto con el frío calando en el personal. Tras una hora y media de retraso y el calentón planeando por nuestras cabezas comienza a sonar por megafonía el “False Awakening Suite” con fallos gordos en el audio que auguraban lo peor. Un enorme telón, que debería haber mostrado un video retrospectivo de la banda, y que no mostró… y la guitarra de Petrucci atruena con “The Enemy Inside”. Un elegante Jordan Rudess tras los teclados, junto al inmenso kit de Mangini, John Myung, imperturbable con un bajo imposible y LaBrie saltando a las tablas con ganas. No es la banda más dinámica del mundo, cierto es, pero no es ninguna temeridad decir que son la agrupación de talentos más asombrosa que hay actualmente, a años luz de los mortales. James LaBrie, sin duda, es el engranaje débil de la maquinaria que empezó la noche bastante deficiente hasta la cuarta canción, en que calentó la voz y ofreció un concierto digno. El escenario estaba decorado con las ilustraciones interiores del libreto de su último trabajo y una gran pantalla presidía el fondo, que exhibía imágenes en directo de la banda a falta del video que los dichosos problemas se encargaron de malograr. En cualquiera de los casos, creo que era mucho más atractiva la puesta en escena de su anterior gira con aquellos cubos que proyectaban los videos en 3D, creando una atmósfera perfecta en algunos momentos. Enlazaron con “The Shattered Fortress” y un sonido bastante aceptable para el Vistalegre. Tras la cual, el propio vocalista neoyorkino explicó brevemente que habían tenido problemas técnicos. “On the Backs of Angels” y una soberbia “The Looking Glass” no acababa de hacer arrancar a la gente, aún entumecida por el frío y tuvo que llegar la primera sorpresa y enorme regalo de “Trial of Tears”, la joya de la corona de Falling into Infinity, para que los asistentes abandonáramos el mal humor y nos entregásemos. Tema excelso donde los haya. “Enigma Machine”, sin ser la mejor instrumental de su carrera, nos demostró por qué tienen el respeto de cualquiera que tenga las orejas a ambos lados de la cara. John Petrucci asombró al personal recorriendo el mástil de su ya famosa Majesty Signature con la naturalidad de quien acaricia un gato y Mangini tuvo su momento de gloria tras los bombos con un breve solo.

Tras “Along for the Ride” llegó otra maravilla de 12 minutos con “Breaking All Illusions” que fue recibida con verdadero éxtasis. Un breve descanso después, la agrupación volvía con el esperado set de Awake. “The Mirror” y “Lie” ponían el toque heavy pesado de la noche con LaBrie cantando espléndidamente. Otro gran regalo caería a continuación cuando John Myung entonó la introducción de “Lifting Shadows Off a Dream”, inédita en directo desde 2002, para muchos uno de los cortes más grandes del Teatro del Sueño, una hermosura de canción.

La primera víctima del retraso se cobró con “Scarred” que todo el mundo esperaba y que no sonó. Una pena que la banda solventó con “Space-Dye Vest” que nunca habían tocado anteriormente y que volvió a cautivar al personal. Y cuando todo el mundo esperaba la suite de su último disco, “Illumination Theory”, se confirmaba la última y definitiva víctima. En el país de los recortes no se libraba ni el set de los norteamericanos, ante el pasmo del personal, que veía cómo se les quitaba media hora. Si hubiesen proyectado en la pantalla gigante a un individuo con barbas, tijeras en mano, atronando risotada gangosa, a nadie le hubiera sorprendido. Afortunadamente nos quedaba el plato fuerte de la noche que no fue otro que la parte dedicada al Scenes, y tras los primeros instantes de desconcierto (obsérvese el ingenioso juego de palabras), “Overture 1928” nos retrotraía a 1999 con un público enloquecido y emocionado que se rendía incondicionalmente a los creadores. Ahora sí, nadie en todo Vistalegre permaneció apático a ese chorro de sublime manufactura. “Strange Deja Vu” anudaba estremecimientos de placer y los de New York parecieron darse cuenta. Tras la lánguida “…I hope to find the truth” de la estrofa final, arrancaron sin descanso con una accidentada “The Dance of Eternity” en la que Magini se lió (toda una efemérides tratándose de estos músicos). Los gestos del batería parecieron indicar que tenía (como no!) problemas con su monitor. Algo que no empañó el glorioso final con “Finally Free”, un corte intenso, emotivo,  supremo, que corona cualquier obra maestra, pero que puso final a la noche con el público regresando del encantamiento, primero para pedir más y luego para silbar, incrédulos e indignados, la Chapuza Singular que empieza a ser el distintivo patrio.

Dream Theater es una banda tan sobrada técnica y compositivamente que se puede permitir el lujo de no “atarse” de por vida a ninguna canción (sin ánimo de ofensa… ¿qué sentirán Iron Maiden cuando tocan The Number of the Beast cada noche desde hace más de treinta años a pesar de que lo disfrutemos tantísimo nosotros?…), poseen calidad y repertorio para variar cada año sin bajar un ápice la intensidad, pese a tocar tres horas. Se les achaca de ser repetitivos en su fórmula, lo cierto es que son abrumadoramente honestos con lo que hacen y, encima, lo hacen como nadie.

Media hora de recorte del set de esta gira, nos dejó el sabor agridulce de estar ante un evento excelso al que nos han sisado una parte importante del show, muy a pesar de los organizadores y de la banda, como bien supimos más tarde. Un espectáculo deslumbrante ver a los cinco genios tocar, sin duda, pero… los hados y algunos personajes de discutible catadura moral lo impidieron.

Ya es bastante malo que los promotores decidan canjear todas las entradas de grada motu propio por otras de pista. Si no has vendido lo que esperabas, haber bajado el precio, que 15 pavos de gastos de distribución (6,30 + 3,70) dan para bastante, o ¿acaso alguien preguntó por los asistentes lesionados, discapacitados, mujeres embarazadas o quien, sencillamente, no le da la gana aguantar tres horas de pie? Lo que es sangrante es que la cola de gente se quede a la intemperie durante un retraso de más de hora y media, o que logre entrar al recinto con el concierto ya sonando. De haberse celebrado al día siguiente habríamos acabado empapados como una nutria, amén de una bonita horda de virus. Da gusto lo bien que se trata a la gente que deja su dinero en la cultura. Pero lo “mejor” era el colorista despliegue policial que hacía cumplir las ordenanzas municipales de “Annie Bottle” con el mayor de los celos, y que fue el principal culpable de que el set de los neoyorkinos se viera recortado media hora.

El manager del grupo Frank Solomon, confirmó lo que todos nos olíamos. Los técnicos locales pifiaron el sistema de video y las pruebas de sonido se realizaron tarde y de forma precipitada, lo que se reflejó en el chapucero arranque de “False Awakening Suite”. La extraordinaria banda trató de encauzar las fatalidades y se notó la falta de rodaje en algunos temas (y decir eso de unos músicos como los de Dream Theater es casi como esperar que a House se le muera medio hospital), quizá descentrados por los problemas técnicos, y que se notaron en “The Dance of Eternity.” A eso habría que sumar el cabreo de la banda y los organizadores, según Solomon, por verse obligados a acortar el set gracias al “buen hacer” de los siempre guardianes de la Ley y el Orden. Esto en un país bananero no puede salir peor… y ya es la enésima. A este paso van a retirar la palabra vergüenza de la RAE por anacronismo.

PD: Mangini correcto. No puedo evitar echar de menos a Portnoy cada vez que les veo. Baste con comparar el final de Finally Free de ambos en todos los sentidos… presencia escénica, espectáculo, peso específico… deberían haber optado por Marco Minnemann.

Textos, fotos y videos by Churchill.

mas videos: http://www.youtube.com/user/Churchillson

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