El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica del Hellfest 2014. Clisson, Francia.

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“Ser Heavy es muy duro” recitaba el poeta al ver las hordas cabizbajas en plena solana veraniega. Esa sensación es la que se repite en la mayoría de los festivales de género tras horas y horas de cansancio, polvo, calor abrasador y el inconfundible hedor a humanidad congestionada. Todo eso se cumplió a rajatabla en la Loira francesa y, cómo no, la incomparable avalancha sonora, canto de sirena, que diferencia a los amantes de la música extrema del masoquismo más elemental. En suma: sarna con gusto no pica, y el cartel lo merecía. Tres días de música con mayúsculas en todas sus vertientes: desde el rock de Status Quo o Therapy hasta el metal más extremo de Nile o Watain. Rock, heavy clásico, Thrash, Black, MetalCore, Death, Stoner, Folk Metal… Hellfest se ha configurado como uno de los festivales más versátiles y más importantes de Europa, creciendo en cada edición tanto en número como en calidad. Cuatro carpas diversificadas en géneros más dos escenarios principales donde se intercalaban los estilos más dispares y las verdaderas estrellas del festival. Una organización impecable, una superficie mastodóntica que hacía que los 153.000 asistentes no tuviesen sensación de ahogo en ningún momento, tiendas de merchandising, comida, espectáculos, tiendas de ropas, sectores de descanso, atrezzo por todos los lados, una enorme noria y ambiente. Mucho ambiente. De hecho llamaba la atención la de personajes que pululaban con los atuendos más dispares. Desde un individuo vestido de Borat hasta otro disfrazado de bailarina, pasando por tártaros, un spiderman, un batman, un Wally, múltiples osos y unos guerreros ninjas tapados hasta las cejas… ¡con un sol que ajusticiaba al más valiente! Todo tipo de sujetos a cada cual más estrambótico, “¡¡Están locos estos galos!!” Colorido no faltaba y uno llegaba a la conclusión de que ser heavy es muy duro, ¡pero ser frikyheavy lo es más!, a tenor de los que sufrían los disfraces más agobiantes.

En lo musical los grandes triunfadores fueron los cabezas de cartel, que no defraudó ninguno. Desde la energía de los incombustibles Maiden, muchas veces vistos, tal vez… pero cuya pasión contagian a todo el que los presencie. Ver a Bruce Dickinson saltar por encima de los bafles como un chaval con una voz absolutamente sublime, a Harris correr de lado a lado del escenario, la espectacular pirotecnia junto al omnipresente Eddie de fondo, hacían retrotraerse treinta años cuando cinco chicos londinenses se esforzaban por comerse el mundo. Y parece ser que no les ha ido nada mal. Escuchar Revelations o The Phantom of the Opera ya justificaba cualquier cosa.

Mucho polvo y mucha persistencia necesitamos para poder ver a Aerosmith en las primeras filas y más tras la descarga de Dagoba y Soulfly que fueron los causantes de los Circles Pits más abrumadores del sábado. Y los de Tyler/Perry hicieron lo que mejor saben hacer: un show de rock, color y entrega. Steven Tyler es el showman por antonomasia. Exhibicionista, carismático, ególatra, provocador… el cuarto y mitad de la banda y donde se posan todas las miradas. Él lo sabe y lo aprovecha. Ver a este sexagenario (66 años, ¡¡cuatro menos que Mike Jagger!!) moverse como en los años locos de sus conejitas Playboy es un regalo. Muchos momentos nos obsequiaron, pero “Dream On” fue inolvidable.

Si a eso le sumamos la formación clásica de Black Sabbath con Ozzy Osbourne, otro sexagenario convertido en chiquillo que se divertía enormemente con cada canción, entusiasmado y risueño como si la edad fuese tema de niños grandes, tenemos el cartel soñado. Iommi y compañía hacían realidad el revival más exitoso y más deseado de los últimos años y no defraudaron. Un sonido cristalino nos transportó a los 70 y a los orígenes de este invento. El cierre perfecto.

Del resto: Slayer son el incombustible bulldozer que NUNCA hicieron concesiones durante más de sus treinta años de carrera y que tuvieron un bonito gesto con el recientemente fallecido Jeff Hanemman “Still Reignning”. Siempre aplastantes. Emperor y Behemoth con su intenso Black Metal, Deep Purple (con un Ian Gillan cuya edad no perdona) y Status Quo, leyendas aún vigentes, Avenged Sevenfold con gran poder de convocatoria pese la hora, unos Extreme en una forma increíble, Skid Row reverdeciendo laureles, unos divertidísimos Sabaton… Imposible acudir a todo: al homenaje de Death to All con Mavidal y Sean Reinert, Carcass, Opeth, Septicflesh, Enslaved, Soilwork, Soundgarden, Misfits…

Después de festivales así uno llega a la conclusión de que en el país de la piel del toro, tenemos mucho que aprender. El sentido del espectáculo y el negocio en general, la organización, la calidad de trato. Todo. Aquí o nos dejan en un secarral sin una sombra en kilómetros o nos comprimen en un área ínfima para vanagloriarse de haber metido el doble del aforo. Llama poderosamente la atención el civismo del personal. Después de pasar miles y miles de personas, las basuras y los vasos de plástico estaban en su mayoría pulcramente depositados en las áreas habilitadas para ello y el personal de mantenimiento era mínimo. Mucho moshing, Circle Pits pero ni un solo incidente.

El único “pero” el tongazo de cambiarnos a Megadeth por Dark Angel, cuando los primeros cancelaron la gira. Vendernos a Dark Angel como banda de culto no cuela, en tanto que la diferencia de caché y (no nos engañemos) calidad es abismal. Eso y el irrespirable polvo que no nos dejó en tres días. Se confabuló el sol para que todo estuviese como un erial a pesar del césped, y los árboles de los alrededores.

¿Momentos memorables? Muchos. El personal principalmente, porque ¡madre mía qué fauna! Es de agradecer que se le quite solemnidad al género. Por quitarle se le quitó hasta la vergüenza. El ambiente era festivo a más no poder. En lo musical: las mencionadas Revelations, The Phantom of the Opera y Aces Hight de Maiden, el momento piano de Dream On y el cumpleaños de Joey Kramer, Ozzy haciendo el salto de la rana en Childen of The Grave y Clufetos dándole al bombo como si le fuese la vida, el emotivo recuerdo de Angel of Death, Sabaton cantando Village People, la columna de la muerte con Dagoba (espeluznante!) , Gary Cherone saltando como un jovenzuelo, Soulfly haciendo un guiño con The Trooper. El colgado que se subió a lo alto de la P.A. ante el pánico de los organizadores… pero bueno, esa es otra historia.

Texto, fotos y videos by Churchill.

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