El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica de Accept, Madrid, La Riviera 11/10/2014

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A día de hoy, encontrar una banda “de toda la vida” que saque discos a la altura de los clásicos que los hicieron grandes es como buscar unicornios en las sucursales bancarias. Si a eso le añadimos que sobre las tablas son tan avasalladores como los jovencitos que eran hacer treinta años, entonces tenemos a la banda teutona que sigue su portentosa revivificación en un escenario totalmente diferente al de los ochenta. Y es que lo de Accept es sencillamente espectacular; ver a una banda de quincuagenarios disfrutar como lo hacen ellos es un regalo divino y, como mínimo contagioso, a juzgar por la expresión del respetable que acudimos el pasado día 11 a la Riviera. Los de Solingen se marcaron una de esas noches que se recuerdan, de las que te hacen desear haberlos visto veinticinco años atrás, porque si ahora no están en su mejor forma… ¡quién les habría visto entonces!

La velada la abrieron Damnations Day, que no conocía y que ofrecieron un show sobrio. Los australianos hacen una mezcla de estilos power, thrash con guiños clásicos evidentes en la voz de Mark Kennedy que exhibió un poderío vocal fuera de lo común. Fueron a más en los escasos 30 minutos que estuvieron encima del escenario y dejaron un buen sabor de boca a la espera de los cabeceras de cartel.

Los exportadores de la Blitzkrieg dieron una lección de toma y asalto en la Riviera desde el momento que las luces iluminaron su entrada. Pusieron un pie y arrancaron como un tiro con “Stampede”.


Aquello sonaba de miedo. No hubo preámbulos: Accept son una apisonadora y de principio a fin no hubo ningún instante de respiro. Enlazaron con la sublime “Stalingrad” y dos temas más de la era Tornillo …apellido metálico que produjo cierta hilaridad en su alistamiento, pero seamos serios; el ex-TT Quick se ha acoplado a la maquinaria a la perfección. No desentona en ningún momento y lo que es más significativo, nostálgicos aparte, ha disipado la alargada sombra de Udo Dirkschneider, gracias al buen hacer del pequeño vocalista y a las tres notables entregas que ha dispensado el grupo en su Back in Black particular. Las nuevas canciones se incorporan en el setlist de la banda sin el menor trauma, sin desmerecer los clásicos. Nadie pone en duda canciones como “Teutonic Terror” y “Stalingrad” al lado de otros como “Balls to The Wall” o “Metal Heart”. Algo que, por desgracia, no se puede decir de Metallica, Judas Priest, Manowar y (en menor medida) Maiden, cuyas últimas entregas no han aportado nada a su trayectoria, pese a seguir ofreciendo unos shows dignos de los grandes, todo hay que decirlo. “Losers and Winners”, “London Leatherboys” y “Starlight” nos volvieron a los gloriosos 80 con Hoffmann, Baltes y cia repartiendo sonrisas, actitud y entusiasmo como si las presentaran en primicia. Las canciones iban cayendo inmisericordes sin el menor respiro (¡Coño! ¿es que estos tíos no descansan?) regresando a tiempos recientes con las excepcionales “Dying Breed” y “Final Journey”, con el público coreando a Vivaldi.

Queda patente que se sienten orgullosos de sus recientes creaciones. “Shadow Soldiers” sonó maravillosa. Gran tema de su anterior redondo.

Tras “From the Ashes We Rise”, la aclamada “Restless and Wild” y la sorpresiva “Ahead of the Pack”. Habíamos rebasado el ecuador y los germanos no levantaban el pie del acelerador. Las primeras filas estaban alucinados con los gestos de Stefan Schwarzmann, que disfrutaba como un enano tras su espectacular batería, a Wolff entregado, regalando poses, presencia y sintonía con el público (a ver si aprende más de un pseudo-metalstar-engreído de esos que se creen el esfínter del Universo), un Peter Baltes hiperactivo que no dejaba de mover la cabellera y un Tornillo ya cómodo, reclamando su presencia; todos ellos asociándose, cómplices. Cierto es que Herman Frank permanece en un discreto segundo plano. Tras “No Shelter” la fabulosa “Princess of the Dawn”, “Dark Side of My Heart”, “Pandemic” y el himno del que han mamado la mayor parte de los herederos de Motorhead: “Fast as a Shark”. Un trallazo con un Tornillo espléndido.

Breves minutos de descanso y la maravilla neoclásica de “Metal Heart” que a tantos les hizo rascar escoba en los 80. Un tema que consagra a cualquier músico. “Teutonic Terror” y el estruendoso final que nos puso las pelotas contra la pared con “Balls to the Wall”, todo un himno para los tiempos que corren, las cosas como son.

Grandísimo concierto de una banda que aglutinó a varias generaciones en la sala y que sorprendió a todos muy gratamente. Son el ejemplo de que se puede ser un dinosaurio y pasear su leyenda ofreciendo mucho más que el brillo de su pasado. Quedó patente que el viejo panzer alemán está en forma.

Texto, videos y fotos: Churchill

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Una respuesta

  1. jfzepp

    A mí me dejaron boquiabierto. Uno ya lleva muchos años en esto y que de repente veas algo que se puede codear con los mejores recitales presenciados en los últimos 25 años, te hace preguntarte ¿porqué coño no los fui a ver antes?

    Gran crónica, compañero de la planta de arriba.

    Saludos.
    Jfzepp..

    diciembre 2, 2014 en 7:17 am

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