El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica de Mors Principium Est Madrid 11/11/2015.

Miércoles metálico de cuantioso calibre en la We Rock. Al menos a priori. En el cartel una banda inédita por estos lares: Mors Principium Est, presentando su último Larga Duración, ‘Dawn of the 5th Era’ que ha cosechado una notable acogida. Junto a los fineses, el grupo madrileño Bridge to Nowhere y los gallegos Dysnomia, que garantizaban una noche más que apetecible. Pese a ello la asistencia fue desalentadora para los nórdicos. Incomprensible que una escuadra de la calidad de Mors tenga una concurrencia tan paupérrima en su primera visita a una capital europea. Cierto que tal vez no sea una banda tan reconocida (título que se merecen por derecho tras dieciséis años de historia y trabajos irreprochables y de altísima calidad), que un árido miércoles no sea el mejor día, y que haya habido una reciente agenda de conciertos, pero que la sala aglutine medio centenar escaso de presentes, incluyendo a los integrantes de las bandas teloneras tiene que ser devastador para el ánimo de cualquier grupo que se lance a una aventura por Europa como cabecera de cartel. Una lástima.

Un servidor se enteró de casualidad del evento y no pude ver a Bridge to Nowhere que, según la gente que sí les disfrutó, descargaron un metal melódico sólido sin llegar a la naturaleza extrema con guiños de indudable calidad a pesar del sonido poco afortunado.

Dysnomia ya descargaban cuando llegué a la sala. No conocía a los gallegos y me sorprendió gratamente su Death Metal melódico contundente con similitudes a los propios Mors, a los primitivos Dark Tranquility o a Soilwork con un toque más agresivo. La banda dejó momentos brillantes en temas como “Let the Spark Ignite”, “Into the Void of Your Eyes”, “In New Form”, “The Fate of Human Being”, “Serenade” o “Reach Clarity”. Poderosos y técnicos, los vigueses tienen calidad para saltar fronteras y plantarse a batallar en la legión de la Gotemburgo Style sin menoscabo alguno.

Las sensaciones que dejaron Mors Principium Est fueron contrapuestas. Por un lado era comprensible cierta contrariedad al tener que tocar ante un número tan reducido de asistentes en un Madrid. Por otro lado, la responsabilidad de encabezar un show conlleva a ser profesionales y dejarse la piel en las tablas, sea cincuenta o cincuenta mil el público que tengas enfrente y ni actitud de la banda (ni un solo gesto de cercanía, irónicamente a un metro escaso), ni la duración (diez temas y una hora justa) estuvieron a la altura. Pese a ello, la banda dio una muestra de avasallador Melodeath y un nivel técnico encomiable. Andy Gillion es un guitarrista absolutamente increíble. Verle ejecutar sweet pickings de infarto con tapping enlazados, con aparente facilidad y nitidez hace de cualquier show un espectáculo de obligada asistencia. Tras su apariencia de niño bueno hay un músico frío, preciso y apabullante, cuya técnica no desentona con gran parte de los guitar hero de renombre. El repertorio se basó en su último trabajo del que cayeron cinco andanadas inmisericordes, “God Has Fallen”, “Leader of the Titans”, “Monster In Me” y “I Am War”. “I Will Return” del anterior ‘…And Death Said Live’ fue acogida con entusiasta rabia por una parroquia entregada y, en una situación privilegiada que, probablemente, no vuelva a repetirse. Tras “Finality” que atronó la We, “Alterated State of Conciousness” y la maravillosa “Pure” rubricaron su show ante el pasmo de los asistentes que se quedaron, confiados en que la banda coronara los bises: con las mismas, se dieron la vuelta y comenzaron a desmontar los equipos sin mediar palabra.

A pesar de lo comentado, hay que reconocer la calidad de los fineses. El sonido, sin ser excesivamente bueno, daba cuenta del empaque que ofrecen los Mors. El nuevo, Kevin Verlay, se desenvolvió con eficiéncia tanto visual, como técnicamente. De Andy Gillion ya está todo dicho, glacial como su país de origen, pero un músico tan extraordinario se lo puede permitir. Teemu Heinola en un discreto segundo plano, Mikko Sipola, atronador tras los bombos y un Ville Viljanen apático cuya voz sonó más aguda que en los discos y que agitaba la cabellera de vez en cuando, casi por obligación. La rémora de Mors Principium Est estriba en que a pesar del montón de trabajos de factura intachable de su discografía, su reconocimiento (a nivel mayoritario) queda decolorado entre la infinidad de bandas de Melodeath que pueblan el panorama. Una suerte de culto y de perla extraña les hace nadar contracorriente década y media después, y sin duda merecen algo más. Aunque siempre pueden empezar por replantearse su actitud de cara a los que compramos una entrada para ir a verles.

Videos y texto by Churchill.

 

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