El Ministerio de las Almas Perdidas

Crítica de discos: Obscura – “Akroasis” 8’4/10

Confieso que tenía unas ganas tremendas de paladear el nuevo trabajo de los alemanes después de sus dos últimas entregas, “Cosmogenesis” y “Omnivium”. Y no exagero ni lo más mínimo al afirmar que hablamos de los pilares fundamentales del nuevo Death. Ambos trabajos llevaron al género a cotas ignotas hasta la fecha en cuanto a calidad, técnica, profundidad y texturas, más allá de las bases del creador del invento, Chuck Schuldiner, y de sus primos hermanos en influencias, Atheist, Cynic y Necrophagist. La banda de Steffen Kummerer engendró una maravilla sin precedentes de Death técnico/ Jazz-Fussion juntando los talentos de Hannes Grossmann, Christian Münzner y Linus Klausenitzer en una hermosa brutalidad, pletórica orgía de sensaciones sonoras.

Ahora, con el flamante Akroasis en las manos, podemos hablar de que estamos ante un gran trabajo. ¿Mejor que sus mencionados antecesores? En mi opinión, no. Pero ,siendo justos, lograr las cotas excelsas de “Cosmogenesis” y “Omnivium” (desde mi punto de vista dos obras maestras y clásicos incontestables), es poco menos que inalcanzable. Tras varias escuchas, no puedo evitar echar en falta una mayor crudeza de sonido en Akroasis que implosionaba en quehaceres pretéritos; y no hablo de “suciedad”, porque Obscura siempre han sonado sorprendentemente nítidos instrumento a instrumento, cuerda a cuerda, pero implacables. Quizá la mezcla se me antoja edulcorada, ya que las composiciones tienen la calidad que se les presupone. Pese a ello varios son los destellos de genialidad que enriquecen el disco.

“Sermon of the Seven Suns” arranca inmisericorde con un Klausenitzer dando rienda a la desbordante imaginación de su freebass y la banda desbocada en un tema frenético con momentos más que reseñables que desincha velocidad según avanzan los minutos. “The Monist” nos propone un tema más oscuro y pesado, con interludios que recordaban antaño, pero quizá sin aquella frescura y originalidad con la que sorprendieron otrora.

El siguiente corte es el ya conocido “Akroasis” que da título al redondo. Un tema sublime, intenso, con esa desbordante velocidad y guitarras cortantes combinadas con los arpegios acústicos tan característicos de los alemanes. De los mejores momentos de la nueva entrega. “Ten Sepiroth” tiene el arranque más deslumbrante del trabajo. Una maravilla hecha brutalidad, 100% Obscura. “Ode to the Sun” comienza a lo Morbid Angel para proponer una suerte de coros enigmáticos y momentos interesantes. “Fractal Dimension” salta directa a la yugular, penetrante y rabiosa para darnos un breve respiro en su parte final. El freebass se hace travieso y presente en “Perpetual Infinity”, corte coral, magno. Y es el propio Linus Klausenitzer, una vez más, el que nos adentra en la extensa y profunda “Weltseele” (alma del mundo en alemán), quince minutos de Obscura en su dimensión más prog con aires orientales y acústicas arropando una melodía turbadora para abocar en un pandemónium sonoro. “The Origin of Primal Expression” es la frivolité en forma de acústica que cierra el trabajo.

La voz de Steffen Kummerer aparece más rica en matices, alternando growls, voces claras y sintéticas al más puro estilo Cynic. Linus Klausenitzer genial, como siempre, dibuja sus líneas como quien boceta sobre un Matisse. Rafael Trujillo es un guitarrista joven, académico y preciso, acorde a las exigencias técnicas de la banda, sin lugar a dudas. Pero quizá esté aún por madurar, eclosionar en un estilo más personal. Es comprensible que eclipsar la larga sombra de Münzner sea un aprieto de considerable calado. El ex Obscura aportó pasajes de talento desbordante, de genial barroquismo y brillantez, llenos de cromatismo e imaginación al alcance de muy pocos músicos que acrecentaron la dimensión de los temas. Por ello las comparaciones son inevitables. Sebastian Lanser, en cambio, no nos hace añorar a Grossmann especialmente. Tal vez porque la estructura de los nuevos temas no sea tan exigente. Ambos son baterías sofisticados, complejos y mayúsculos, pero el aporte más importante de Grossmann en Obscura fuese, probablemente, compositivo. Que no es poco.

El disco conserva todos los ingredientes que habrá de hacer legendaria a la banda. Guitarras entretejidas, la extraña belleza de sus estructuras, la curiosa emancipación y personalidad de los instrumentos cohesionados con asombrosa naturalidad. Su fiereza orgánica, Universo de matices, extravagancia e imprevisibles genialidades. No llega al nivel de Cosmogenesis” y “Omnivium, pero sienta las bases de su estilo. Y créanme, bandas de semejante nivel de calidad, originalidad y eclecticismo no abundan.

Churchill.

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