El Ministerio de las Almas Perdidas

Crónica Rock Fest Barcelona 2016.

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Esta crónica llega con cierta rémora, dadas las fechas estivales, vacaciones y demás cantinelas que todo el mundo entiende. No es noticia, habida cuenta de las fechas, pero lo cierto es que da cierta perspectiva. Así que vamos al tomate directamente.

Enorme fin de semana en Barcelona, acogiendo un festival que va creciendo año tras año, confirmándose como una cita obligada a nivel nacional cuanto menos, ya que hubo mucha gente que se desplazó desde diversos rincones allende las fronteras españolas. Antes de entrar en materia, baste decir que este humilde blog es, ante todo, eso: humilde. Medios humildes y cuantía temporal más humilde aún. Y el cuerpo de un servidor no está para trotes maratonianos, para que vamos a engañarnos. Por eso muchas bandas se quedaron en el tintero, a fin de poder disfrutar de otras. Orphaned Land, Grave Digger, Drangonforce, Armored Saint, Candlemass, Obituary… fueron algunos de los grupos “sacrificados” por haberlos visto en otras ocasiones, o por sus horarios intempestivos, que no por ganas. Y ya, entrando en el tema que nos ocupa, la impresión general fue que los grandes triunfadores del festival fueron los cabezas de cartel, sin lugar a dudas. Jugaron sus cartas de favoritos y no decepcionaron. Llamémosle experiencia, horarios privilegiados o prerrogativas técnicas pero demostraron por qué están donde están.

El viernes, el Thrash-fusión de Coroner, adelantados a su época, ofrecieron el toque experimental del cartel, Tyketto trataron de llevarse a los amantes del Glam americano, pero los que no dejaron indiferentes a nadie fueron Heaven Shall Burn con su deathcore abrasador. La energía de Marcus Bischoff y del resto de la banda brindando cañonazos feroces como Hunters Will Be Hunted, Voice of the Voiceless, Endzeit o la magnífica versión de Edge of Sanity, Black Tears, eran un jarro de energía y cromatismo a un cartel, quizá, demasiado “clásico”. Enorme actuación de los alemanes.

Mago de Oz se apresuró a aprovechar la masacre de sus antecesores en el escenario de al lado y puso en escena toda su parafernalia, saltando a las tablas con ganas, pero el sonido no les acompañó. Tras los representantes patrios, Kreator volvió a alzar su flag of Hate en una actuación aplastante. Mille Petrozza es un panzer bajo los focos. Pura violencia (bien entendida, evidentemente), y un auténtico bestia de escenario que se viene arriba en espacios grandes. Gran actuación de los legendarios thrashers.

En el siguiente tablado salía un clásico entre los clásicos: Michael Schenker, con Gary Barden a las voces, y su ancestral repertorio: Attack of the Mad Axeman, Cry for the Nations, Armed and Ready y, cómo no, el himno Doctor Doctor.

Tras ellos, un asiduo de los festivales españoles: Blind Guardian. Por más que les he visto, tienen un problema gordo. Son una banda enorme, con clásicos incontestables, con mucho margen de crecimiento aún, un referente en su género, grandes músicos y un Hansi Kürsch con una voz absolutamente espectacular, peeeero… se hacen insufribles en directo. Demasiado estáticos, una puesta en escena sin un triste telón de fondo, el papel de bajista habría lucido igual si hubiese estado detrás de las bambalinas. Por dios santo… echad al técnico de luces (no es la primera vez que les veo con un amarillo neón de barrio), incluid un telón, ambientación, atrezzo, magia, un poco de espectáculo que arrope a la banda… Un bajonazo, e insisto, son una banda que me encanta, pero queda demasiado en evidencia comparativamente en los festivales. Finalmente, la voz histriónica del terror, King Diamond, con la espectacularidad de sus performances (todo lo contrario que Blind), nos ofrecieron un show magnífico-terrorífico envuelto por un elenco superlativo de músicos. Andy LaRoque, Mike Wead, Pontus Egberg y Matt Thompson saltaron con Kim Bendix Petersen, alias King Diamond a comerse al público. Y lo consiguieron con una puesta en escena teatral e hipnótica, un sonido cristalino y un montón de temas sobradamente conocidos. El músico danés se mostró en una forma excelente, totalmente entregado y metido en el papel que le ha hecho famoso y nos regaló un magnífico show.

Muchos años han pasado desde la última vez que vi a Michael Kiske. Desde entonces ha engordado, se ha quedado calvo y ha dejado de ser el tipo aquel que enamoraba a las jovencitas con su melena lustrosa y su sonrisa de guaperas germano. Desde entonces muchas idas y venidas, disidencias del metal y contradicciones de difícil explicación. Pero hay algo que no se le puede negar. El tío tiene la misma voz que antaño. Un prodigio de chorro vocal muy particular, que ha creado escuela y que demostró el sábado. Lastrados por el inevitable pasado en Helloween, Unisonic únicamente lograron levantar al público con las viejas canciones que hizo famosos a Kiske y Hansen.

El caso de Bobby ‘Blitz’ Ellsworth, es similar, en géneros más contrapuestos. El mítico vocalista es pura actitud, pura rabia, espíritu indómito y mala uva. Overkill irrumpieron en las tablas sin concesiones, a hacerse con el público, y no pasaron desapercibidos dedicando un Fuck Off enorme al mundo.

Barón Rojo mantuvieron el orgullo patrio, pese al horrible sonido, presentando un set, cuanto menos, extraño, que tuvo muchos altibajos. Tras los barones, los cabezas de cartel, con su mastodóntico escenario y puesta en escena, demostraron por qué son quienes son y por qué están en lo más alto del género. Ver a Iron Maiden es un espectáculo visual y musical de la más alta categoría. Han sabido entender el concepto musical como nadie ofreciendo shows fascinantes, pese los años y una iconografía muy personal. Si además de ello tenemos una extensa colección de clásicos inolvidables, una banda en estado físico envidiable y el frontman que cualquier banda quisiera, tenemos los ingredientes adecuados para pasar una noche inolvidable.

Ver a Bruce Dickinson con sus 57 tacos, corriendo como un chaval, tras un cáncer, y cantando como nunca es un regalo. ¡Lo mismo de Steve Harris, con sus 60 tacos! Su show está milimétricamente estudiado. Cada paso, cada pausa, toda su escenografía, nada es improvisado. Pero funciona y en Barcelona se ganaron al respetable con momentos grandiosos como The Trooper, Powerslave, The Book of Souls, la magnifica Blood Brothers y la sorpresa final de Wasted Years. De los mejores conciertos de los Maiden.

Un papelón tocar tras la dama. Los japoneses Loudness, con el guitar-hero Akira Takasaki al frente, esforzándose en que la sangría de gente no fuese considerable, salieron con intención. Sonaron intensos, pero su posición en el cartel no les benefició. Rata Blanca, saltaron con problemas iniciales de sonido que lograron solventar tras la primera canción y tuvieron numerosos incondicionales que disfrutaron del Heavy clásico de los argentinos. La jornada la cerró una vieja amiga de estos lares: Doro, que presentó un show sobradamente conocido. La, siempre entregada, Doro Pesch, trató de dar lo mejor de su repertorio a la concurrencia. Temas antiguos de su antigua banda, Warlock, y la simpatía de la que hace gala, sin ser de sus mejores conciertos.

En la jornada final del domingo llegamos al festival cuando Impelliteri finiquitaba su show para dejar paso a unos revitalizados Anthrax con su vocalista fetiche, Joe Belladona. Los, otrora, dioses del metal reactivo tuvieron un arranque fulgurante que nos retrotrajo a sus gloriosos años 90. Caught in a Mosh, Got the Time y Madhouse atronaron con banda y público frenéticos. Frank Bello, Joey Belladonna y Scott Ian saltando por las tablas como en sus tiempos mozos. Una actuación estelar que se vio lastrada por los temas más nuevos, que no cuajaron. Pese a ello dejaron un muy buen sabor de boca.

Un barco vikingo en el otro escenario auguraba la aparición entre brumas de Amon Amarth, una banda muy querida en el continente europeo. Los suecos siempre son garantía de vigor: melenas cimbreándose, guitarras afiladas, mitología, buen death metal melódico y la devastadora presencia y rugido de Johan Hegg. Gran puesta en escena, gran sonido y gran exhibición.

Los veteranos Thin Lizzy, o lo que queda de la gran banda irlandesa, presentaron sus respetos a la memoria de Phil Lynott en las muchas fotos que exhibían en las pantallas. Solo Scott Gorham permanece de la mítica banda. Sonaron los clásicos de siempre, Jailbreak, Emerald y la inevitable Whiskey in the Jar. Era ya de noche cuando Bad Boys atronaba en la P.A y otra de las grandes bandas saltaban al escenario, Whitesnake con Coverdale al frente.

Y ahí estaba el veterano vocalista dándolo todo a pesar de que sus cuerdas vocales ya no son lo que eran y que la banda no tiene el lustro que otrora. Joel Hoekstra y Reb Beach no son John Sykes o Vanderberg, pero son músicos competentes que realizaron un gran show. Crying in the Rain, Give Me All Your Love, Here I Go Again y Still of the Night bastan para alborozar al más inerme de los espectadores. Tal vez abusan de los solos, en algunos casos insustanciales, habida cuenta del tiempo del que disponía la banda pero hay que reconocer que ver al curtido Tommy Aldridge es un espectáculo digno de ver. Y por fin el plato fuerte: Twisted fuckin’ Sister en su gira de despedida. Dee Snider es un frontman peculiar, extravagante y tremendamente energético, probablemente el mejor del mundo. Es, sin lugar a dudas, el mayor aliciente del grupo. Carismático, intenso y divertido como nadie, sabe manejar al público y dar alas a temas trasnochados pero que, con él en el escenario, se convierten en un apoteosis.

Burn in Hell suena poderosa, The Price, emotiva, y We’re Not Gonna Take It (huevos con aceite) y I Wanna Rock a celebración por todo lo alto. Con Mike Portnoy, como invitado desapercibido tras los bombos, la banda brindó una fiesta por todo lo alto. Si se confirma la cacareada despedida (…¿la misma que Scorpions, Judas, Kiss?…), se les echará de menos. Y el final del festival fue para Slayer, con su habitual actitud asesina, descargando sin piedad tema tras otro. Tom Araya sorprendió a la cansada concurrencia hablando en castellano (algo que, en todas las veces que los he visto, no había hecho nunca), lo que aumentó la cercanía.

El tercio final no dejó títere con cabeza: South of Heaven, Raining Blood, Black Magic y Angel of Death, homenajeando a Jeff Hanneman y poniendo fin a un espléndido cartel.

En definitiva, un gran festival. La organización y el entorno estuvieron notables. Nada que ver con otros secarrales inmundos donde nos confinan otros organizadores patrios, que sólo les falta robarnos a mano armada y abandonarnos a nuestra suerte en el Gobi. Aquí se ven ganas de agradar, espacio y un cartel más que interesante. Habrá que estar atentos para ver el rumbo de las próximas ediciones. Sería interesante abrir el abanico de géneros con nuevas bandas punteras del mundo del metal. En cualquiera de los casos, Rock Fest Barcelona se ha convertido en una cita obligada de seguir haciendo las cosas así.

Felicidades y see you next year!

Textos, fotos y videos by Churchill.

Para ver más videos, visite: https://www.youtube.com/Churchillson

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